Saltar al contenido

Por qué esta página

La página Los pueblos guardianes cuenta quiénes son, qué cuidan y qué leyes amenazan hoy sus derechos. Esta va por debajo: explica desde qué ideas trabajamos, y de dónde vienen.

No es un adorno académico. Cuando una escuela de Cataluña se conecta con una escuela puyanawa, lo que se pone en juego no es un intercambio de postales: son dos maneras distintas de entender qué es un río, qué es aprender y qué es vivir bien. Si eso no se nombra, el intercambio se queda en folclore.

Todo lo que se afirma aquí lleva su fuente, y al final hay una bibliografía completa.

Esto que se piensa aquí viene de dos sitios que no se sustituyen el uno al otro. El primero son muchos años de trato con los pueblos del Acre y, sobre todo, el acompañamiento de Txai Macedo, indigenista, amigo y mentor de Adolf Sanz hasta su pasaje. Esa parte no se aprende en ningún aula: se aprende yendo, escuchando y equivocándose.

El segundo es el trabajo académico que ha permitido ponerle nombre. Estas páginas deben mucho al antropólogo Emanuele Fabiano, profesor del Máster en Globalización, Desarrollo y Cooperación de la Universidad de Barcelona, del que Adolf Sanz ha cursado el primer año. Buena parte de las lecturas que se citan aquí —Blaser, De la Cadena, Escobar, Krenak, el caso del Apu Ausangate, el del Yasuní y el del río Marañón— vienen de sus clases. Más abajo lo contamos con detalle.

El río no es un recurso: es un pariente

Cuando una comunidad indígena se opone a una carretera, a una mina o a una represa, se suele contar como un conflicto por recursos: unos quieren explotarlos y otros conservarlos. Pero muchas veces el desacuerdo es más hondo, porque las partes ni siquiera están hablando de la misma cosa.

El antropólogo Mario Blaser, que trabajó durante años con el pueblo Yshiro de Paraguay, lo explicó bien: cuando los Yshiro protestaban por las normas de pesca, no defendían un «recurso pesquero»; defendían una red de reciprocidad entre humanos y no humanos —los peces y sus dueños espirituales— que esas normas rompían. Para el Estado eran recursos; para ellos, parientes con los que se mantiene un trato. Blaser llama a esto conflictos ontológicos y sitúa su análisis en la ontología política, una corriente que, dentro de la ecología política, sostiene que en los conflictos socioambientales no están en juego solo intereses sobre un mundo compartido, sino mundos distintos: no son opiniones diferentes sobre una misma realidad, son realidades que se encuentran. Es lo que en antropología se conoce como el giro ontológico.

Reducirlo a «creencias» o a «cultura» —lo que la antropología clásica llamaría un problema de perspectivas culturales sobre un mismo objeto— resuelve el problema de antemano a favor de una de las partes: la que da por sentado que la naturaleza es un almacén de cosas. Esa asimetría es lo que autores como Boaventura de Sousa Santos han llamado colonialidad del saber, y frente a ella propone hablar de epistemologías del Sur. Por eso, en la Red intentamos algo más exigente que el respeto de museo: escuchar lo que esos mundos tienen que enseñar.

Blaser, M. (2019). «Reflexiones sobre la ontología política de los conflictos medioambientales». América Crítica, 3(2), 63-79. En la misma línea, de la Cadena, M. (2020) analiza la cosmopolítica indígena en los Andes —la política que incluye a seres no humanos, como los tirakuna o la Pachamama— en Tabula Rasa, 33, 273-311.

La naturaleza como sujeto de derecho

Durante siglos, el derecho occidental solo reconoció dos cosas: personas y objetos. Un río, un bosque o una montaña eran propiedad de alguien, y el daño que se les hacía era un perjuicio para su dueño o, como mucho, para la salud de las personas. La naturaleza no podía ser parte en un juicio, porque no era nadie.

La primera grieta llegó en 1972, cuando el jurista estadounidense Christopher Stone publicó un artículo con un título que entonces sonó a broma: «¿Deberían los árboles tener legitimación procesal?». Su argumento era sencillo: también las empresas o los barcos son «personas» a efectos legales sin ser humanos; si el derecho puede hacer eso, también puede reconocer a un bosque.

Medio siglo después, esa idea ha entrado en constituciones y tribunales de todo el mundo, y lo ha hecho en buena parte de la mano del pensamiento indígena, que nunca necesitó un juicio para saber que un río está vivo.

  • Ecuador, 2008. Su Constitución fue la primera del mundo en reconocer a la naturaleza —a la que nombra Pacha Mama— como sujeto de derechos. Lo dice el artículo 10 y lo desarrollan los artículos 71 a 74: la naturaleza tiene derecho a que se respete su existencia y a que se la restaure. Y el preámbulo compromete al país a construir una convivencia en armonía con ella para alcanzar el buen vivir, el sumak kawsay.
  • Bolivia, 2010. La Ley de Derechos de la Madre Tierra reconoce a la Tierra como sistema viviente con derechos.
  • Colombia, 2016. La Corte Constitucional declaró al río Atrato sujeto de derechos y ordenó protegerlo junto con las comunidades que viven de él.
  • Nueva Zelanda, 2017. El río Whanganui obtuvo personalidad jurídica tras una reclamación del pueblo maorí: el río es un antepasado, no una propiedad.
  • España, 2022. La Ley 19/2022 reconoció personalidad jurídica a la laguna del Mar Menor y a su cuenca, en Murcia: el primer ecosistema de Europa con derechos propios. No salió de un despacho, sino de una iniciativa legislativa popular impulsada por la profesora Teresa Vicente y respaldada por más de 600.000 firmas, después de años de vertidos agrícolas, aguas verdes y episodios de muerte masiva de peces. Hoy cualquier persona puede acudir a los tribunales en nombre de la laguna. Teresa Vicente recibió por ello el premio Goldman en 2024.
  • Perú, 2024. Un juzgado de Nauta (Loreto) reconoció los derechos del río Marañón, en plena Amazonia, después de una demanda presentada en 2021 por la federación de mujeres kukama Huaynakana Kamatahuara Kana. Su presidenta, Mari Luz Canaquiri, recibió por ello el premio Goldman en 2025. Para los kukama el río no es un escenario: es un ser vivo, y bajo el agua viven sus muertos.

No es una curiosidad jurídica: es una manera distinta de plantear la pregunta. Si el río tiene derechos, dañarlo deja de ser un coste que se compensa y pasa a ser una vulneración. Y quienes llevan siglos tratando al río como pariente dejan de ser un obstáculo para el progreso y pasan a ser lo que siempre fueron: quienes sabían cómo hacerlo.

El caso del Mar Menor es, además, la mejor manera de explicar todo esto en una escuela de aquí: no hace falta irse a la Amazonia para entenderlo. Una laguna a pocas horas de casa se ha muerto de a poco por los vertidos, y la respuesta ha sido reconocerle derechos. La misma idea que en Ecuador se dice con la palabra Pacha Mama, en Murcia se ha dicho con una ley y seiscientas mil firmas.

El buen vivir no es «vivir mejor»

Después de la Segunda Guerra Mundial se instaló una idea que hoy parece de sentido común: que todos los países están en una misma escalera y que unos van por delante y otros por detrás. A los de atrás se les llamó «subdesarrollados», y se dio por hecho que su tarea era parecerse a los de delante. Buena parte de la cooperación internacional nació de ahí.

El sumak kawsay quechua y el suma qamaña aimara se traducen como buen vivir, y significan algo muy distinto de «vivir mejor». No hablan de tener más que el vecino ni de subir un escalón en una escalera de desarrollo: hablan de vivir en equilibrio, con la comunidad y con el resto de seres vivos. La buena vida es la vida en relación, no la vida acumulada.

Esa idea ha alimentado una crítica de fondo al concepto mismo de «desarrollo». El antropólogo Arturo Escobar, desde el análisis del discurso de inspiración foucaultiana, mostró en La invención del Tercer Mundo (1996) cómo, desde mediados del siglo XX, el dispositivo del desarrollo dividió el mundo en países «desarrollados» y «subdesarrollados» y convirtió formas de vida enteras en carencias que había que corregir. Frente a eso, él y Gustavo Esteva proponen hablar de posdesarrollo (postdevelopment): no de alternativas de desarrollo, sino de alternativas al desarrollo, nacidas de las prácticas comunitarias realmente existentes. La crítica va acompañada de otra: la del extractivismo como modelo económico —minería, petróleo, monocultivo— que también los gobiernos progresistas mantuvieron, según autores como Eduardo Gudynas, mientras reconocían derechos de la naturaleza en sus constituciones.

Escobar lo resume en una palabra que a nosotros nos sirve como brújula: pluriverso. Frente a la idea de Un Mundo único —un solo modelo de progreso, una sola idea de riqueza—, el pluriverso es, en la fórmula zapatista, «un mundo donde quepan muchos mundos».

Arturo Escobar, «Más allá del desarrollo: postdesarrollo y transiciones hacia el pluriverso», Revista de Antropología Social 21, 2012; y Arturo Escobar y Gustavo Esteva, «Postdesarrollo a los 25», Polisemia 22, 2016.

Dos voces indígenas de Brasil

Hasta aquí hemos citado a antropólogos. Pero los pueblos indígenas llevan décadas pensando y escribiendo por su cuenta, y sus libros se leen hoy en las universidades de medio mundo. Dos nombres imprescindibles, los dos brasileños.

Ailton Krenak

Retrato de Ailton Krenak
Ailton Krenak, pensador y líder indígena, autor de «Ideas para posponer el fin del mundo». Foto: Produção Cultural no Brasil · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons

Del pueblo Krenak, del valle del río Doce (Minas Gerais). Se hizo conocido en 1987, durante la Asamblea Constituyente: mientras defendía los derechos indígenas ante los diputados, se fue pintando la cara de negro con jenipapo, en señal de duelo. Aquella imagen dio la vuelta al país y los derechos indígenas entraron en la Constitución de 1988.

En Ideas para postergar el fin del mundo (2019) sostiene algo incómodo y muy útil para una escuela: que el «fin del mundo» no es una amenaza futura, porque para muchos pueblos indígenas ya ocurrió —con la invasión, las epidemias y el despojo— y aun así siguen aquí. Critica la idea de una «humanidad» separada del resto de la vida, y la de un progreso que solo sabe convertir la Tierra en mercancía. En 2023 fue elegido miembro de la Academia Brasileña de Letras, el primer indígena en ocupar una silla.

Davi Kopenawa

Retrato de Davi Kopenawa Yanomami
Davi Kopenawa Yanomami, chamán y portavoz del pueblo yanomami, coautor de «La caída del cielo». Foto: Fora do Eixo · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons

Chamán y portavoz del pueblo yanomami, de la aldea de Watoriki, en la frontera entre Brasil y Venezuela. Vivió de niño las epidemias que llegaron con las carreteras y, ya adulto, la invasión de los garimpeiros, los buscadores de oro. Su trabajo fue decisivo para que en 1992 se homologara la Terra Indígena Yanomami, y en 2004 fundó la asociación Hutukara. En 2019 recibió el premio Right Livelihood, el llamado «Nobel alternativo».

Junto al antropólogo Bruce Albert escribió La caída del cielo, un libro de más de setecientas páginas donde cuenta su formación como chamán, el trato con los xapiri —los espíritus— y su mirada sobre nosotros, a quienes llama «el pueblo de la mercancía»: gente que sueña con objetos y que, al vaciar la tierra, hace que el cielo se sostenga cada vez peor. No es una metáfora poética: es un diagnóstico, escrito desde dentro, de lo que aquí llamamos crisis climática.

Ailton Krenak, Ideas para postergar el fin del mundo (2019). Davi Kopenawa y Bruce Albert, La caída del cielo. Palabras de un chamán yanomami (2010; edición en español, 2023).

Paulo Freire: nadie educa a nadie

Paulo Freire (Recife, 1921 - São Paulo, 1997) empezó alfabetizando a campesinos y campesinas del nordeste brasileño y acabó cambiando la manera de entender la educación en medio mundo. El golpe militar de 1964 lo llevó a la cárcel y después al exilio; en 1968 escribió el libro que lo hizo conocido, Pedagogía del oprimido.

Su crítica más citada es la de la «educación bancaria»: la escuela que trata al alumnado como una cuenta vacía donde el maestro deposita conocimientos, y en la que aprender es repetir. Frente a eso propuso una educación dialógica, que parte de la vida y de las palabras de quien aprende —lo que él llamaba palabras generadoras— y que convierte la clase en una conversación sobre el mundo real.

De ahí salen dos ideas que sostienen buena parte de lo que hacemos: que nadie educa a nadie y nadie se educa solo, sino que las personas se educan entre sí, y que la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra. En Pedagogía de la autonomía (1996) lo dejó aún más claro: enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las condiciones para producirlo.

Por eso a Freire lo leemos aquí junto a Escobar o Blaser: si una comunidad indígena tiene su propio saber sobre el territorio, una escuela que llega a «llevarles» conocimiento está haciendo educación bancaria a escala internacional. La alternativa es el diálogo, que es exactamente lo que intenta la Red: que el profesorado indígena y el de aquí preparen materiales juntos, y que el alumnado se hable de tú a tú.

Paulo Freire, Pedagogía del oprimido (1968), La importancia del acto de leer (1981) y Pedagogía de la autonomía (1996). Es también un autor brasileño: en Brasil fue declarado patrono de la educación nacional.

Qué tiene que ver todo esto con una escuela

Mucho. Una escuela puede enseñar la Amazonia como un decorado verde lleno de animales exóticos y gente con plumas, o puede enseñarla como lo que es: un territorio habitado por pueblos con derechos, con lenguas y con ideas propias sobre cómo vivir.

Cuando el alumnado de Cataluña habla por videoconferencia con el alumnado de la Escola Ixubãy, no está haciendo turismo: está descubriendo que hay más de una manera razonable de estar en el mundo. Y cuando el profesorado indígena prepara sus propios materiales en su lengua, no está «poniéndose al día»: está enseñando algo que aquí no sabemos.

Por eso decimos que el conocimiento circula en las dos direcciones. No es una frase amable: es la única forma de que un intercambio educativo no repita, en pequeño, la vieja historia del desarrollo.

Marco conceptual

Estas son las nociones con las que trabaja hoy la antropología del desarrollo y la ecología política, y que sostienen todo lo anterior. Cada una va con un ejemplo, porque los conceptos sin ejemplo no sirven para dar clase. Las dejamos definidas para quien quiera tirar del hilo, y porque creemos que el profesorado tiene derecho a la palabra exacta, no solo a la versión simplificada.

Etnocentrismo y relativismo cultural
Juzgar otras culturas con la vara de la propia (etnocentrismo) frente a comprenderlas en sus propios términos (relativismo cultural). Lévi-Strauss lo formuló en Raza e historia (1952): no hay culturas atrasadas, hay culturas orientadas hacia cosas distintas. En el aula esto es muy concreto: decir que una comunidad «todavía» vive en la selva da por hecho que el destino de todos es la ciudad. Describirla por lo que sabe hacer —navegar, curar, cultivar sin agotar el suelo, sostener una lengua— es otra cosa. El relativismo metodológico no obliga a aprobarlo todo: obliga a entender antes de juzgar.
Giro ontológico y ontología política
Corriente que deja de preguntarse cómo representan el mundo los distintos pueblos y empieza a preguntarse qué mundos hacen existir sus prácticas. La ontología política estudia los conflictos que surgen cuando esos mundos se encuentran de forma desigual (Blaser, 2009, 2019). La diferencia es práctica: si el desacuerdo es de «creencias», basta con un trámite de consulta; si es de mundos, lo que está en juego es si una forma de vida puede seguir existiendo. Por eso muchos conflictos llamados ambientales no se resuelven con más información técnica.
Cosmopolítica
Política que incluye a entidades no humanas —montañas, ríos, espíritus— como actores con los que hay que contar y no solo como escenario o recurso (Stengers; de la Cadena, 2020). En los Andes, una negociación sobre una mina puede incluir a un cerro al que se debe respeto; en el Juruá, al río y a los dueños de los peces. Reconocer eso no es pintoresquismo: cambia quién se sienta a la mesa y qué se considera un daño.
Pluriverso
Frente al «Un Mundo» de la modernidad —un solo modelo de racionalidad, de economía y de progreso—, la idea de que existen y pueden coexistir muchos mundos. En términos zapatistas, «un mundo donde quepan muchos mundos» (Escobar, 2012; Kothari et al., 2019). Aplicado a la educación, el pluriverso no significa relativizarlo todo, sino aceptar que una escuela de Begues y una escuela puyanawa pueden enseñar cosas distintas y que ninguna de las dos está en la casilla de salida de la otra.
Posdesarrollo
Corriente crítica que no busca un desarrollo mejor, sino salir del marco del desarrollo: alternativas al desarrollo construidas desde las comunidades (Escobar, 1996, 2009; Esteva). No es una teoría contra la cooperación, sino contra una manera de hacerla: la que llega con el proyecto ya escrito, mide el éxito en indicadores ajenos y se va cuando acaba la subvención. La prueba del algodón es sencilla: ¿quién decide qué hace falta?
Buen vivir (sumak kawsay, suma qamaña)
Principio andino de vida en equilibrio con la comunidad y con la naturaleza, incorporado a las constituciones de Ecuador (2008) y Bolivia (2009). No equivale a bienestar material ni a «vivir mejor» que otros. También tiene sus críticos: autores como Víctor Bretón han señalado que, una vez en la Constitución, el buen vivir ha convivido con políticas extractivas; conviene distinguir el principio de su uso político.
Extractivismo
Modelo económico basado en la extracción intensiva de recursos naturales para la exportación, con escaso procesamiento local y alto impacto socioambiental (Gudynas). En la Amazonia toma la forma del oro, la madera, el petróleo, la soja y la ganadería. Su efecto sobre la escuela es directo: cuando llega una carretera o una draga, cambian el río, el trabajo y las expectativas de los jóvenes antes de que nadie haya preguntado nada.
Derechos de la naturaleza y personalidad jurídica
Reconocimiento de entes naturales como sujetos de derecho, con capacidad de ser representados ante los tribunales (legitimación procesal). Ecuador (2008), Bolivia (2010), río Atrato (2016), río Whanganui (2017), Mar Menor (2022), río Marañón (2024). La figura no resuelve por sí sola los problemas —hace falta quién vigile y presupuesto para restaurar—, pero cambia el punto de partida de los pleitos: el daño ya no hay que traducirlo en perjuicio para una persona.
Educación bancaria y educación dialógica
Oposición formulada por Paulo Freire (1968) entre la enseñanza como depósito de contenidos en un sujeto pasivo y la enseñanza como diálogo que parte de la experiencia de quien aprende. Se reconoce enseguida en la práctica: un taller bancario explica «la Amazonia» y evalúa si se ha memorizado; un taller dialógico empieza por el río o el bosque que el alumnado tiene cerca y lo pone a conversar con el de la otra escuela.

De dónde salen estas lecturas

Nada de lo que hay en esta página es original nuestro. Es el poso de un curso.

Emanuele Fabiano es antropólogo, doctor en Antropología y Etnología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París. Desde 2011 investiga entre los urarina de la Amazonía peruana, en la cuenca del río Chambira: cómo se construye allí la idea de persona —humana y no humana— y qué efectos sociales, rituales y políticos tienen sobre esa manera de vivir los procesos extractivos, es decir, el petróleo y la madera.

Es profesor del Máster en Globalización, Desarrollo y Cooperación de la Universidad de Barcelona, que se organiza junto con la Fundació Món-3 y la Fundació Solidaritat UB. Dentro de ese máster imparte el bloque B del módulo 3, «Antropología del desarrollo». Adolf Sanz, fundador y director ejecutivo de la asociación, ha cursado el primer año. De sus clases y de la bibliografía que puso a disposición del alumnado vienen casi todos los autores y los casos que aparecen en esta página: la ontología política de Mario Blaser, la cosmopolítica de Marisol de la Cadena, el posdesarrollo y el pluriverso de Arturo Escobar, las palabras de Ailton Krenak, el Apu Ausangate, el Yasuní y el reconocimiento del río Marañón como sujeto de derecho.

Que una entidad pequeña como la nuestra pueda hablar de estas cosas sin caer en el tópico se lo debemos, en buena medida, a ese curso. Gracias.

Las interpretaciones, los errores y la manera de contarlo son solo nuestros.

Bibliografía

Veintiséis referencias, en formato académico.

Ver la bibliografía completa
  • Blaser, M. (2019). «Reflexiones sobre la ontología política de los conflictos medioambientales». América Crítica, 3(2), 63-79.
  • Campanera Reig, M. (2026). «El corazón de la vida: el río Marañón, desde la perspectiva kukama». Revista Kawsaypacha, 17, D-006.
  • De la Cadena, M. (2020). «Cosmopolítica indígena en los Andes. Reflexiones conceptuales más allá de la “política”». Tabula Rasa, 33, 273-311.
  • Escobar, A. (1996). La invención del Tercer Mundo. Construcción y deconstrucción del desarrollo. Bogotá: Norma. (2.ª ed., 2011).
  • Escobar, A. (2009). «El “postdesarrollo” como concepto y práctica social». Revista Española de Desarrollo y Cooperación, 24, 81-99.
  • Escobar, A. (2012). «Más allá del desarrollo: postdesarrollo y transiciones hacia el pluriverso». Revista de Antropología Social, 21, 23-62.
  • Escobar, A. y Esteva, G. (2016). «Postdesarrollo a los 25: sobre “estar estancado” y avanzar hacia adelante, hacia los lados, hacia atrás y de otras maneras». Polisemia, 22, 17-32.
  • Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Madrid: Siglo XXI. (Original de 1968).
  • Freire, P. (1997). Pedagogía de la autonomía. Saberes necesarios para la práctica educativa. Madrid: Siglo XXI.
  • Geertz, C. (1973). La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa.
  • Kopenawa, D. y Albert, B. (2010). La caída del cielo. Palabras de un chamán yanomami. Barcelona: Capitán Swing (ed. española).
  • Kothari, A., Salleh, A., Escobar, A., Demaria, F. y Acosta, A. (eds.) (2019). Pluriverso. Un diccionario del posdesarrollo. Quito: Abya-Yala.
  • Krenak, A. (2019). Ideas para postergar el fin del mundo. Buenos Aires: Prometeo.
  • Lévi-Strauss, C. (1952). Raza e historia. París: UNESCO.
  • Lovejoy, T. y Nobre, C. (2018). «Amazon Tipping Point». Science Advances, 4(2).
  • Stone, C. D. (1972). «Should Trees Have Standing? Toward Legal Rights for Natural Objects». Southern California Law Review, 45, 450-501.
  • FAO y FILAC (2021). Los pueblos indígenas y tribales y la gobernanza de los bosques. Santiago de Chile: FAO.
  • Science Panel for the Amazon (2021). Amazon Assessment Report. Nueva York: UN SDSN.

← Volver a Los pueblos guardianes

Personas de la comunidad Puyanawa bailando en círculo, cogidas unas a otras

Campaña «La Red crece contigo»

Buscamos 50 colaboradores este curso

Una aportación mensual, por pequeña que sea, nos permite planificar el curso sin depender de que llegue una subvención.