Guardianes no es una manera de hablar
La Amazonia ocupa unos 6,7 millones de kilómetros cuadrados repartidos entre nueve países —trece veces España— y concentra cerca del 40 % de los bosques tropicales que quedan en el planeta. No es un pulmón, como se repite a menudo: es sobre todo una gran bomba de agua y un almacén de carbono. Los árboles evaporan cada día miles de millones de litros que viajan como «ríos voladores» y acaban lloviendo sobre medio continente, y el bosque guarda en su madera y en su suelo una parte decisiva del carbono que no está en la atmósfera.
En la Amazonia viven 47 millones de personas, y entre ellas cerca de 2,2 millones de indígenas de 410 pueblos. Es decir: no es una selva vacía a la que haya que proteger de la gente. Es un territorio habitado, y quienes lo habitan desde hace milenios son los que mejor lo han conservado.
Esto último no es una intuición: lo dicen los datos. Donde hay pueblos indígenas con su territorio reconocido, el bosque sigue en pie.
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2,2 millones
de personas indígenas viven en la Amazonia, de 410 pueblos distintos, cada uno con su lengua, su memoria y su forma de relacionarse con el territorio.
Science Panel for the Amazon, Amazon Assessment Report 2021
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2,5 veces
menos deforestación dentro de los territorios indígenas de Brasil con derechos reconocidos que fuera de ellos (2,8 veces en Bolivia y 2 en Colombia).
FAO y FILAC, «Los pueblos indígenas y tribales y la gobernanza de los bosques», 2021
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320-380 millones
de hectáreas de bosque cuidan los pueblos indígenas y tribales en América Latina, que almacenan unos 34.000 millones de toneladas de carbono.
FAO y FILAC, 2021
Ese informe de la FAO y el FILAC revisó más de trescientos estudios publicados en veinte años. Su conclusión nos parece decisiva: proteger el bosque y proteger los derechos de quienes viven en él son la misma cosa. Donde el territorio está titulado y la comunidad puede decidir, la motosierra se para; donde no, entra. No hay justicia climática sin justicia para los pueblos indígenas.
Por qué esto es urgente
La Amazonia ha perdido ya cerca de una quinta parte de su bosque original. Varios estudios científicos advierten de que, si la deforestación sigue avanzando, amplias zonas podrían cruzar un punto de no retorno y degradarse hacia una vegetación de tipo sabana, incapaz de sostener el ciclo del agua que hoy sostiene. Es decir: el bosque dejaría de hacer llover, y sin lluvia no se recupera.
Por eso los territorios indígenas no son «reservas» ni un asunto folclórico: son, literalmente, la parte del mapa donde el sistema sigue funcionando.
Datos de superficie, población y bosque: Science Panel for the Amazon, Amazon Assessment Report (2021). Sobre el punto de no retorno: Thomas Lovejoy y Carlos Nobre, «Amazon Tipping Point», Science Advances (2018).
Qué significa cuidar, desde su mirada
En muchas lenguas amazónicas no existe una palabra para «naturaleza» separada de «nosotros». El río, el bosque, los animales y las personas forman parte del mismo tejido de vida. Cuidar el territorio no es una política ambiental: es una manera de estar en el mundo, que se aprende de pequeño y se sostiene con los cantos, las historias, las fiestas y el trabajo compartido.
Por eso, cuando una comunidad pierde su lengua o sus mayores, no pierde solo un idioma: pierde el manual con el que se cuida un territorio. Y por eso la educación —la escuela indígena, en su lengua y con sus saberes— es una herramienta de defensa del bosque tan real como un mapa o un título de propiedad.
Esta es la idea que sostiene la Red de Escuelas Guardianas de la Amazonia: que las escuelas indígenas y las escuelas europeas aprendan juntas, en las dos direcciones.
Lo que enfrentan hoy: nueve países, un mismo pulso
La Amazonia se reparte entre Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Ecuador, Venezuela, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa. Las leyes cambian de un país a otro, pero el conflicto de fondo es el mismo en los nueve: hay quien vive en ese territorio y hay quien quiere lo que hay debajo o lo que se puede poner encima.
No es un choque entre «progreso» y «tradición». Es una disputa muy concreta por tierra, agua, madera, oro, petróleo y rutas de transporte, en la que una de las partes —los pueblos indígenas— tiene derechos reconocidos sobre el papel y muy poca fuerza para hacerlos valer.
Lo que sigue es un resumen honesto de esos frentes. No están todos, y cada país tendría su propio capítulo, pero son los que se repiten en casi todas las comunidades con las que trabajamos o de las que nos llegan noticias.
Cada apartado indica dónde comprobarlo. Es una situación viva: los datos y las leyes cambian, y conviene mirar la fecha antes de citar nada. Esta página se actualizó en septiembre de 2026.
1. El territorio: reconocido sobre el papel, disputado en la práctica
Casi todos los países amazónicos reconocen en su Constitución algún derecho de los pueblos indígenas sobre sus tierras. El problema es el cómo: para que ese derecho sirva de algo, el Estado tiene que delimitar el territorio, inscribirlo y sacar de allí a quien no debería estar. Ese proceso —la demarcação en Brasil, la titulación en Perú, la resguardización en Colombia— es lento, caro y políticamente incómodo, y se para en cuanto cambia el gobierno.
Mientras tanto ocurren tres cosas: se ocupan tierras sin título y luego se pide legalizarlas (la grilagem brasileña), se fragmentan los territorios con concesiones mineras o petroleras que se otorgan por encima de ellos, y se agotan las comunidades en pleitos que duran décadas.
En Brasil, esa disputa tiene hoy un nombre concreto.
El caso de Brasil: el «marco temporal»
Todo lo anterior —el bosque en pie, la lengua, la escuela— depende de una sola cosa: que el territorio esté reconocido. En Brasil, ese reconocimiento se llama demarcação, y hoy está en disputa.
La tesis del marco temporal sostiene que los pueblos indígenas solo tienen derecho a las tierras que ocupaban físicamente el 5 de octubre de 1988, el día en que se promulgó la Constitución brasileña, o sobre las que en esa fecha ya hubiera un pleito abierto.
Dicho así suena a tecnicismo. Lo que significa es esto: a los pueblos que fueron expulsados de sus tierras antes de 1988 se les pediría que demuestren que estaban allí justo el día en que los habían echado. Durante la dictadura militar, durante la época de los patrones del caucho, con la apertura de carreteras y la llegada de las haciendas, miles de familias indígenas fueron desplazadas por la fuerza. El marco temporal convierte esa violencia en el argumento que les quita el derecho.
La Constitución de 1988 no dice eso. Su artículo 231 reconoce a los pueblos indígenas «los derechos originarios sobre las tierras que tradicionalmente ocupan»: originarios quiere decir anteriores al propio Estado, no nacidos en una fecha.
Cómo hemos llegado hasta aquí
- 2009 · Raposa Serra do Sol. El Supremo Tribunal Federal (STF) resuelve el caso de esa tierra indígena de Roraima y, entre las condiciones que fija, aparece la idea del marco temporal. Se dijo entonces que valía solo para ese caso, pero a partir de ahí empezó a usarse contra otras demarcaciones.
- 21 de septiembre de 2023 · el STF la tumba. El pleno del Supremo declara inconstitucional la tesis del marco temporal, por nueve votos contra dos, en un recurso con efecto para todo el país (RE 1.017.365, Tema 1031). Parecía el final.
- Octubre-diciembre de 2023 · el Congreso la resucita. El Congreso aprueba el proyecto PL 2903/2023 y escribe el marco temporal en una ley ordinaria. La Presidencia veta una parte del texto; el Congreso derriba los vetos. Así nace la Ley 14.701/2023.
- Desde 2024 · el pulso sigue en el Supremo. Se presentan varias demandas contra esa ley (acciones de inconstitucionalidad ADI 7582, 7583 y 7586, y la acción declaratoria ADC 87). El juez ponente abre una comisión de conciliación para buscar un acuerdo entre las partes. Las organizaciones indígenas, con la APIB al frente, la rechazan con un argumento difícil de discutir: un derecho constitucional no se negocia en una mesa.
Situación en septiembre de 2026: la Ley 14.701/2023 sigue vigente y el Supremo no ha resuelto el fondo. Es un asunto vivo: conviene comprobar la fecha antes de citar nada.
Qué pasa si esa tesis se aplica
No es una discusión de juristas. Esto es lo que cambia sobre el terreno:
- Demarcaciones paradas. Los expedientes que llevaban años avanzando se quedan en el cajón. Hay pueblos esperando desde hace más de treinta años.
- Tierras ya reconocidas puestas en duda. La ley abre la puerta a revisar demarcaciones cerradas, así que ningún territorio queda del todo seguro.
- Más invasiones. Donde el límite es discutible, entran la tala ilegal, la minería (el garimpo), la ganadería y la soja. Y detrás llegan las amenazas, los desalojos y los asesinatos de líderes.
- Actividades económicas dentro del territorio. El texto aprobado facilita obras e iniciativas productivas en tierras indígenas sin el peso que antes tenía la decisión de la comunidad.
- Pueblos aislados en riesgo. Se rebaja la protección de quienes han elegido no tener contacto, para los que cualquier encuentro puede ser mortal por enfermedades comunes.
- Sin territorio no hay escuela. Una comunidad desplazada pierde la aldea, y con ella la escuela, la lengua que se enseña en ella y los mayores que la sostienen. Esto es lo que nos toca directamente.
Por eso decimos que la educación intercultural y la defensa del territorio son el mismo trabajo. Una escuela indígena fuerte documenta la lengua, forma a sus propios maestros y da a la comunidad argumentos y voz propia. Una escuela europea que entiende esto deja de mirar la Amazonia como un paisaje y empieza a mirarla como un lugar donde vive gente con derechos.
Otras leyes que aprietan en Brasil
El marco temporal es la pieza más conocida, pero avanza acompañado. Estos son los frentes abiertos que más afectan a la Amazonia y a sus pueblos:
- Permisos ambientales más flojos. Una reforma del sistema de licencias ambientales permitiría que muchas obras se aprueben con una simple declaración de la propia empresa. Sus críticos la llaman «la ley de la devastación».
- Minería en tierras indígenas. Hay propuestas en trámite para permitir la minería, el petróleo y las grandes represas dentro de territorios indígenas.
- Grandes infraestructuras. La reconstrucción de la carretera BR-319, que atraviesa un bloque de selva todavía entero entre Manaos y Porto Velho, y el ferrocarril de la soja (Ferrogrão) son los dos proyectos con más capacidad de abrir la frontera agrícola.
- Petróleo en la desembocadura del Amazonas. La exploración en la llamada Margem Equatorial avanza pese a las advertencias sobre los arrecifes y las comunidades de la costa.
Estos expedientes cambian de nombre y de número con frecuencia. Aquí los contamos por lo que hacen, no por su número de proyecto; para el detalle y la fecha, las fuentes están más abajo.
2. Lo que se quiere sacar de debajo
Oro y mercurio
La minería ilegal de oro —el garimpo— es probablemente la amenaza que más rápido destruye. Entra por los ríos con dragas y retroexcavadoras, deja el cauce deshecho y usa mercurio para separar el oro. Ese mercurio acaba en los peces, y los peces son la base de la alimentación de las comunidades ribereñas: se han documentado niveles preocupantes en mujeres y en menores de varias regiones. Con las dragas llegan además el alcohol, la prostitución, las armas y las enfermedades.
El caso más grave y más conocido es el del pueblo yanomami, en la frontera de Brasil con Venezuela: en enero de 2023 el Gobierno brasileño declaró una emergencia sanitaria en su territorio por la desnutrición y la malaria asociadas a la invasión de miles de mineros ilegales.
Petróleo y gas
En la Amazonia occidental —Ecuador, Perú, Colombia y el oeste de Brasil— buena parte del subsuelo está dividido en lotes petroleros que se solapan con territorios indígenas y con reservas naturales. Los derrames repetidos en los oleoductos han contaminado ríos enteros de los que dependen comunidades que no obtuvieron ningún beneficio de esa extracción.
En Ecuador, la disputa por el Yasuní llegó a las urnas: en agosto de 2023 la ciudadanía votó en referéndum dejar bajo tierra el petróleo del bloque ITT, en un parque nacional donde viven pueblos en aislamiento. En Brasil, la nueva frontera está en el mar: la exploración en la llamada Margem Equatorial, frente a la desembocadura del Amazonas.
Madera
La tala ilegal abre las primeras pistas por donde después entra todo lo demás. Se corta dentro de tierras indígenas y de reservas, se «blanquea» la madera con permisos de otra finca y se exporta. Las comunidades que denuncian quedan señaladas.
Dónde comprobarlo
informes de la Fiscalía y del Ministerio de Salud de Brasil sobre la emergencia yanomami; RAISG (mapas de presiones y amenazas en los nueve países); ISA; Amazon Watch; datos de MapBiomas sobre minería.
3. Lo que se quiere poner encima
Si la minería y el petróleo van a por el subsuelo, la otra mitad del problema va a por la superficie.
- Ganadería y soja. Es, con diferencia, la primera causa de deforestación en la Amazonia brasileña. Primero se tala, se quema y se pone pasto; después, si el terreno lo permite, llega la soja. Buena parte de esa producción se exporta, y una parte acaba en Europa como pienso.
- Carreteras. Una carretera nueva no es solo una carretera: es el eje por el que se ocupa todo lo que tiene a los lados. La reconstrucción de la BR-319, entre Manaos y Porto Velho, atravesaría uno de los bloques de selva mejor conservados que quedan.
- Represas. Las grandes hidroeléctricas inundan territorios, cortan la migración de los peces y desplazan comunidades enteras. Belo Monte, en el río Xingu, es el ejemplo que más ha marcado a los pueblos de la región.
- Vías de transporte para el grano. Ferrocarriles como el proyecto Ferrogrão y las hidrovías que canalizan los ríos están pensados para sacar la cosecha, y arrastran con ellos puertos, almacenes y más deforestación.
Dónde comprobarlo
MapBiomas y PRODES/INPE (deforestación en Brasil), RAISG (obras de infraestructura en la panamazonía), informes del ISA sobre Belo Monte y la BR-319.
4. Quién presiona: las empresas y las cadenas que llegan hasta aquí
Detrás de casi todos los frentes anteriores hay un mercado, y ese mercado casi nunca está en la Amazonia.
El oro del garimpo se funde y se vende; la carne y la soja se exportan; el petróleo se refina fuera; la madera acaba en muebles y suelos. Empresas mineras, petroleras, agroalimentarias y comercializadoras internacionales —y los bancos y fondos que las financian— son parte del problema aunque nunca pisen una aldea. Y el consumo europeo está dentro de esa cadena.
Hay intentos de cortarla. La Unión Europea aprobó un reglamento sobre productos libres de deforestación que obligará a las empresas a demostrar que la soja, la carne, la madera, el cacao o el café que venden no vienen de tierras deforestadas. Su aplicación se ha ido retrasando, y las organizaciones indígenas piden que además se verifique el respeto de sus derechos, y no solo la cobertura forestal.
Hay también un principio que casi nadie cumple del todo: el consentimiento libre, previo e informado, reconocido en el Convenio 169 de la OIT y en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. En la práctica, muchas consultas se hacen tarde, mal o con la decisión ya tomada.
Dónde comprobarlo
Reglamento (UE) 2023/1115 sobre deforestación; Convenio 169 de la OIT; Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007); informes de Amazon Watch y de Global Witness sobre cadenas de suministro.
5. Defender el territorio es peligroso
América Latina es, año tras año, la región donde más personas defensoras de la tierra y del medio ambiente son asesinadas, y la Amazonia concentra una parte importante de esos casos. Brasil, Colombia y Perú encabezan casi todas las listas. Los datos los publica cada año Global Witness; en Brasil, el CIMI documenta además invasiones, conflictos y muertes en su informe anual.
El asesinato del indigenista Bruno Pereira y del periodista Dom Phillips en el valle del Javari, en junio de 2022, puso nombre internacional a algo que ocurre de forma continua y casi siempre sin testigos.
Junto a la violencia directa hay otras dos formas de presión, más silenciosas: la criminalización —denunciar a los líderes por «usurpación» o «terrorismo» para desgastarlos en los juzgados— y la presencia de economías armadas: en las fronteras de Colombia, Perú y Brasil, la coca y las rutas del narcotráfico han entrado en territorios indígenas, con reclutamiento de jóvenes incluido.
Pueblos en aislamiento voluntario
En la Amazonia viven todavía pueblos que han decidido no tener contacto con el resto de la sociedad. El valle del Javari, en Brasil, y varias reservas de Perú concentran la mayor parte. Para ellos, un encuentro no deseado no es un incidente: una gripe común puede acabar con una familia entera. Toda rebaja en su protección —una carretera, una misión, una concesión— es una amenaza directa a su supervivencia.
Dónde comprobarlo
informes anuales de Global Witness; informe «Violência contra os Povos Indígenas no Brasil» (CIMI); Survival International y la FUNAI sobre pueblos aislados.
6. Lo que se rompe primero: la salud y la escuela
Cuando un territorio se invade, lo primero que falla no es la selva: son los servicios que sostienen a la gente.
La salud indígena depende de equipos que tienen que llegar en barca o en avioneta a comunidades muy dispersas. Cuando entra la minería, aumentan la malaria y la desnutrición, y los equipos no pueden trabajar con seguridad. La emergencia yanomami de 2023 mostró hasta dónde puede llegar eso.
La escuela indígena sufre lo mismo desde otro lado. La ley brasileña reconoce desde 1988 una escuela propia, bilingüe e intercultural; en la práctica, la mayoría no tiene conexión a internet, muchas solo llegan a los primeros cursos —para seguir estudiando hay que salir de la aldea— y buena parte del profesorado indígena trabaja con contratos temporales, sueldos bajos y pagos que se retrasan.
A esto se ha sumado en muy poco tiempo la llegada de internet por satélite a aldeas que nunca habían tenido cobertura. Trae cosas buenas —avisar de una emergencia, denunciar una invasión, estudiar a distancia— y también problemas que nadie preparó. Por eso acompañamos a las escuelas en lugar de limitarnos a llevar aparatos.
Dónde comprobarlo
Censo Escolar del INEP (Brasil); Siasi/Sesai para los datos de población y salud indígena; nuestra propia Memoria 2025.
7. Negocios nuevos con el bosque en pie
En los últimos años ha aparecido una presión distinta y menos visible: los contratos de carbono. Empresas intermediarias llegan a las comunidades con acuerdos de treinta o cuarenta años para vender los créditos de carbono de su bosque, redactados en un idioma y con unas cláusulas que casi nadie puede evaluar allí.
Algunos de esos proyectos son serios. Otros se han firmado sin consentimiento real, sin asesoría jurídica independiente y con repartos muy desiguales, hasta el punto de que la prensa brasileña y peruana ha popularizado la expresión «carbon cowboys» para describirlos. Las organizaciones indígenas no rechazan el mecanismo en bloque: piden reglas claras, consulta de verdad y que sean ellas quienes decidan.
La lección es la misma de siempre: cualquier propuesta que llegue de fuera, por verde que suene, necesita que la comunidad pueda entenderla y decidir en sus propios términos. Eso es, también, una cuestión educativa.
Dónde comprobarlo
investigaciones periodísticas sobre contratos de carbono en la Amazonia brasileña y peruana; posiciones de la COICA y de la APIB sobre mercados de carbono.
8. El clima, que ya no es una previsión
La Amazonia ha perdido cerca de una quinta parte de su bosque original, y los años recientes han traído sequías extraordinarias: ríos en mínimos históricos, comunidades aisladas porque la barca ya no pasa, peces muertos, y temporadas de incendios cada vez más largas.
Varios estudios advierten de que amplias zonas podrían cruzar un punto de no retorno y degradarse hacia una vegetación de tipo sabana, incapaz de sostener el ciclo del agua que hoy sostiene. Dicho de otro modo: el bosque dejaría de hacer llover.
Quienes menos han contribuido al cambio climático son quienes primero lo sufren, y son también quienes mejor han conservado lo que queda. Por eso insistimos: no hay justicia climática sin justicia para los pueblos indígenas.
Dónde comprobarlo
Lovejoy y Nobre, «Amazon Tipping Point» (2018); informes del IPCC; Science Panel for the Amazon (2021); datos de sequía e incendios del INPE y de MapBiomas.
9. Y lo que hacen ellos: no son víctimas, son un movimiento
Contar solo las amenazas da una imagen falsa. Los pueblos indígenas de la Amazonia llevan medio siglo organizándose, y han ganado cosas que parecían imposibles.
- Organizaciones propias en los nueve países, coordinadas en la COICA. En Brasil, la APIB; en Perú, AIDESEP; en Colombia, la OPIAC; en Ecuador, la CONFENIAE. Y, en el valle del Juruá donde trabajamos, la OPIRJ.
- Litigio y presencia institucional. Han llevado sus casos al Supremo de Brasil, a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y a la ONU, y han conseguido sentencias que hoy son referencia.
- Vigilancia del territorio. Brigadas propias, drones, GPS y aplicaciones de denuncia gestionadas por las comunidades: buena parte de las invasiones que se detienen las detectan ellas primero.
- Política. Diputadas y diputados indígenas, y en Brasil un Ministerio de los Pueblos Indígenas creado en 2023.
- Educación y lengua. Escuelas propias, maestros formados en la comunidad, diccionarios y materiales hechos por el profesorado indígena. Es la parte más lenta y la más difícil de deshacer.
Esa última línea es donde encaja nuestro trabajo, y la razón por la que esta asociación existe.
Dónde comprobarlo
webs de COICA, APIB, AIDESEP, OPIAC, CONFENIAE y OPIRJ; sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en casos indígenas.
10. Acre: la lucha que hizo posible nuestro trabajo
Todo lo anterior se entiende mejor mirando un sitio concreto. El nuestro es Acre, el estado del extremo oeste de Brasil donde están la Escola Ixubãy Rabuĩ Puyanawa y la escuela nukini con las que trabajamos. Y en Acre esta historia tiene nombres propios.
Del caucho al trabajo forzado
A finales del siglo XIX, la fiebre del caucho llevó a Acre a miles de trabajadores del nordeste brasileño. Los seringais funcionaban con un sistema de deudas: el patrón adelantaba comida y herramientas, el seringueiro pagaba con látex y la cuenta nunca terminaba de saldarse. Los pueblos indígenas fueron perseguidos, desplazados o puestos a trabajar en las mismas condiciones, y los Puyanawa y los Nukini están entre ellos: su territorio fue ocupado por seringais y su lengua estuvo a punto de perderse.
Chico Mendes y los empates
En los años setenta, cuando el caucho dejó de ser rentable, muchos seringais se vendieron a ganaderos que llegaban a talar. Los seringueiros de Xapuri respondieron con los empates: familias enteras, con niños, poniéndose delante de las motosierras para impedir la tala. Sin armas.
Francisco Alves Mendes Filho, «Chico Mendes» (1944-1988), seringueiro y sindicalista, fue quien convirtió esa resistencia en una propuesta: las reservas extractivistas, territorios protegidos con la gente que vive dentro y no sin ella. Su idea era simple y nueva: el bosque en pie da de comer a quien sabe vivir en él, y por eso quien vive en él es el mejor guardián posible.
Chico Mendes fue asesinado en la puerta de su casa el 22 de diciembre de 1988, en Xapuri, por encargo de un hacendado. Su muerte tuvo una repercusión mundial que él nunca había conseguido en vida, y dos años después se crearon las primeras reservas extractivistas.
La Alianza de los Pueblos de la Selva
Lo más importante que dejó aquella época no fue una ley, sino una alianza. Hasta entonces, seringueiros e indígenas habían sido enfrentados: unos entraban en las tierras de los otros. En 1989 se selló en Rio Branco la Aliança dos Povos da Floresta: por primera vez, los dos pueblos de la selva se reconocieron como aliados frente a quien venía a talar.
De ahí viene la palabra que da nombre a nuestro socio honorífico. Txai, en lengua huni kuin, significa algo así como «más que un amigo: una parte de mí en ti y una parte de ti en mí». Se convirtió en el saludo de esa alianza, y dio título al disco Txai que Milton Nascimento grabó tras recorrer Acre en 1989.
Terri Valle de Aquino, el otro txai
Al lado de aquella alianza hubo también un antropólogo. Terri Valle de Aquino, formado en la Universidade de Brasília, llegó a Acre a mediados de los años setenta para hacer su investigación de máster entre los Kaxinawá (Huni Kuĩ). Cuando remontó el río Jordão hasta las cabeceras se encontró con algo que no esperaba: comunidades indígenas trabajando el caucho en condiciones de esclavitud por deudas.
En vez de escribirlo y marcharse, se quedó. Fue el primer profesional de su disciplina que hizo los levantamientos socioeconómicos y de tierras de los pueblos indígenas de Acre río por río en el Alto Juruá —el trabajo técnico sin el cual no hay demarcación posible—, trabajó en la FUNAI y fue uno de los fundadores de la Comissão Pró-Índio do Acre.
Los Huni Kuĩ le dieron el mismo nombre que a Macedo: txai. En Acre hay dos, y los dos aparecen en esta historia.
Txai Macedo
Antônio Luiz Batista de Macêdo, «Txai Macedo» (1952-2026), fue una de las personas que sostuvo aquello desde dentro. Nació en el Seringal Transval, a orillas del río Muru (Acre), junto a una comunidad huni kuin, fue seringueiro, piloto fluvial, mecánico, indigenista, poeta y cantor. Desde los años setenta trabajó con el antropólogo Terri Valle de Aquino y con la Comissão Pró-Índio do Acre recorriendo ríos y aldeas para explicar a las comunidades cuáles eran sus derechos y apoyar la demarcación de sus tierras.
Fue amigo y colaborador de Chico Mendes, pieza clave de la Aliança dos Povos da Floresta y de la lucha que llevó en 1990 a crear la Reserva Extrativista do Alto Juruá, la primera de su tipo en el mundo, en el mismo valle donde hoy trabajamos. Vivió en tierra puyanawa y formó allí su familia.
Y fue, hasta su pasaje, amigo y mentor indigenista de Adolf Sanz, fundador de esta asociación: una de las primeras personas que creyó en la Red de Escuelas Guardianas. Su biografía completa está en Quiénes somos.
La escuela indígena de Acre no cayó del cielo
Hay una pieza de esta historia que casi nunca se cuenta y que a nosotros nos toca directamente. A la vez que se peleaban las demarcaciones, la Comissão Pró-Índio do Acre empezó a formar a profesores indígenas y a agentes agroforestales de las propias comunidades, en un momento en el que la idea de que un indígena diera clase en su lengua y en su aldea sonaba a utopía.
De ahí salió buena parte de la escuela indígena que existe hoy en Acre: maestros de la comunidad, materiales hechos allí, enseñanza en lengua propia. Cuando acompañamos a los educadores de la Escola Ixubãy Rabuĩ Puyanawa, estamos trabajando dentro de esa tradición, no inventando nada.
Y hoy
La presión no se fue. Acre sigue teniendo deforestación, ganadería que avanza y carreteras que se quieren abrir hacia el Pacífico; y las comunidades del Juruá siguen defendiendo lo mismo que defendían Chico Mendes y Txai: que el bosque siga en pie con su gente dentro.
Lo que ha cambiado es la herramienta. Donde antes había empates, hoy hay escuelas: profesorado indígena formado, lengua documentada, materiales propios y niñas y niños de dos continentes hablándose por videoconferencia. Es más lento y menos épico, y es lo que sabemos hacer.
Dónde comprobarlo
Comissão Pró-Índio do Acre (cpiacre.org.br), que publica entrevistas con Terri Aquino y la historia de la formación de docentes indígenas; el archivo del Instituto Socioambiental (ISA) sobre las reservas extractivistas y la Aliança dos Povos da Floresta; el Instituto Chico Mendes de Conservação da Biodiversidade (ICMBio), que lleva el nombre de Chico Mendes; y la biografía de Txai Macedo en Quiénes somos.
Qué hacemos nosotros con esto
No somos una organización jurídica ni sustituimos a quienes llevan esta lucha: la APIB, las organizaciones de cada pueblo, el CIMI, el ISA y tantas otras. Nuestro trabajo es más pequeño y más lento, y va por otro lado:
- Contarlo bien, aquí. Que en una escuela de Cataluña se sepa que existe el marco temporal, y que se entienda de dónde viene. Un alumnado que lo entiende es, dentro de unos años, una opinión pública que no traga.
- Reforzar la escuela indígena allí. Formación del profesorado, materiales propios, conexión y equipos: una escuela que funciona es una comunidad con más herramientas para defenderse.
- Dar la palabra a quien la tiene. En nuestras videoconferencias e intercambios habla la gente puyanawa y nukini, no nosotros en su nombre.
Puedes ver cómo se concreta en la Red de Escuelas Guardianas y en las escuelas de la Amazonia.
Para entenderlo por dentro
Detrás de todo esto hay una discusión más honda que la jurídica: qué es un río, quién puede tener derechos y qué significa vivir bien. Hemos reunido esa parte en una página aparte, con sus fuentes y su bibliografía.
Los pueblos con los que trabajamos
La Red nació del vínculo con el pueblo Puyanawa, en el valle del Juruá (Acre, Brasil), y se está extendiendo al pueblo Nukini. Las dos comunidades son vecinas y comparten historia: la del caucho, la del cautiverio y la de la recuperación.
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Puyanawa
Mâncio Lima, Acre (Brasil) · familia lingüística pano
Esclavizados durante el auge del caucho y privados de su lengua, hoy la recuperan con su escuela, sus cantos y sus fiestas. Con ellos empezó todo.
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Nukini
Mâncio Lima, Acre (Brasil) · familia lingüística pano
Vecinos de los Puyanawa, en la sierra del Môa, junto al Parque Nacional da Serra do Divisor. La extensión de la Red hacia su escuela está en marcha.
Ver el mapa de los territorios indígenas del valle del Juruá →
Cómo hablamos de los pueblos indígenas
- Contamos lo que las propias comunidades quieren que se cuente, y con los nombres que ellas usan.
- No usamos su cultura como decorado: ni disfraces, ni «indios» de cuento, ni ceremonias sacadas de contexto.
- Las fotografías se publican con permiso, y no publicamos imágenes donde se reconozcan caras de menores.
- Cuando damos datos, decimos de dónde salen. Si no lo sabemos con seguridad, no lo afirmamos.
Dónde comprobar todo esto
Las fuentes, una a una
- Povos Indígenas no Brasil, del Instituto Socioambiental (ISA): la enciclopedia de referencia sobre los pueblos indígenas de Brasil, con fichas por pueblo.
- FAO y FILAC (2021), «Los pueblos indígenas y tribales y la gobernanza de los bosques»: la revisión de más de 300 estudios sobre deforestación y derechos territoriales.
- Science Panel for the Amazon (2021), Amazon Assessment Report: el estado de la Amazonia según más de 200 científicos.
- RAISG (Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada): mapas y datos de los territorios indígenas de los nueve países amazónicos.
- INEP (Ministerio de Educación de Brasil): Censo Escolar, con los datos de las escuelas indígenas.
- Constitución del Ecuador (2008), artículos 10 y 71 a 74: la naturaleza como sujeto de derechos.
- Ley 19/2022, de 30 de septiembre, para el reconocimiento de personalidad jurídica a la laguna del Mar Menor y su cuenca (España).
- Christopher D. Stone, «Should Trees Have Standing?» (1972), el artículo que abrió el debate jurídico.
- APIB (Articulação dos Povos Indígenas do Brasil): la voz del movimiento indígena brasileño sobre el marco temporal y las leyes en trámite.
- CIMI (Conselho Indigenista Missionário): su informe anual «Violência contra os Povos Indígenas no Brasil» documenta invasiones, conflictos y asesinatos.
- Supremo Tribunal Federal de Brasil: la sentencia del recurso RE 1.017.365 (Tema 1031), de septiembre de 2023, y las acciones contra la Ley 14.701/2023.
- Ley 14.701, de 20 de octubre de 2023: el texto oficial está publicado por la Presidencia de la República de Brasil.
- Constitución de Brasil (1988), artículos 231 y 232: los derechos originarios de los pueblos indígenas sobre sus tierras.
- RAISG (Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada): mapas de presiones y amenazas en los nueve países amazónicos.
- COICA y las organizaciones nacionales (APIB, AIDESEP, OPIAC, CONFENIAE, OPIRJ): la voz de los propios pueblos.
- Global Witness: informe anual sobre personas defensoras de la tierra y del medio ambiente asesinadas.
- MapBiomas y PRODES/INPE: deforestación, minería, fuego y uso del suelo en Brasil.
- Convenio 169 de la OIT y Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007): el consentimiento libre, previo e informado.
- Reglamento (UE) 2023/1115 sobre productos libres de deforestación.
Las fotografías de esta página que no son nuestras proceden de Wikimedia Commons con licencias que permiten su uso: se indica en cada pie el autor, la entidad y la licencia. Las fotos de nuestras escuelas y comunidades son propias.
La bibliografía académica completa está en De dónde viene nuestra mirada.
Página actualizada el 19 de septiembre de 2026.

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